¡Los runners toman las calles! Si nos fijamos bien, las ciudades se llenan de personas corriendo de un lado para otro. Y no, no es una moda pasajera. Según un estudio, la cifra de runners se ha multiplicado por 5 los últimos años en España. Recientemente, una red social deportiva, Strava, ha asegurado que con los kilómetros registrados por los amantes de este deporte, se podría subir al Everest 94.300 veces. Pues bien, si tantos quilómetros realizamos, además de tener unas buenas zapatillas, hay algo que tenemos que tener también muy en cuenta y a veces pasamos por alto: la hidratación. Si bien en algún otro post os hemos hablado de algunos consejos para mantenerse hidratado haciendo deporte, hoy nos centraremos principalmente en el agua.
Un ser humano adulto tiene alrededor de un 70% de agua. Si ésta se pierde durante el entrenamiento, existe riesgo de fatiga por deshidratación. Porque no queremos que esto pase, y porque sabéis que en Irima Fontanilla somos muy deportistas, hoy daremos algunas pautas para estar bien hidratado. El objetivo es que podáis disfrutar del entrenamiento y se mejore el rendimiento. ¡Vamos allá!
Dime cuánto corres y te diré cuánto tienes que beber
- Hidrátate antes de salir: alrededor de dos horas antes, bebe unos 200-300 mililitros de agua. Si bien es cierto que en verano la pérdida de líquido es mayor, no olvides hidratarte también en invierno.
- Si sales a correr menos de una hora y con una intensidad baja o media, toma alrededor de 120ml-150ml. Si la intensidad es más alta, el cuerpo alcanza temperaturas más elevadas, por lo que deberías beber alrededor de 200-250ml.
- Si corres de una a dos horas, deberías beber entre 100-160 ml cada quince o veinte minutos.
- Si el entrenamiento es más intenso y corres más de dos horas, además de beber agua, combínalo con bebidas isotónicas. Éstas añadirán los nutrientes que se van eliminando tu cuerpo, como el sodio o las sales minerales.
- Hidrátate después de correr, puesto que es imprescindible recuperar lo que se ha perdido durante la carrera. Según el Consejo Nacional de Deportes, por cada kilogramo perdido durante el entrenamiento, es necesario beber 1,5 litros aproximadamente.
En definitiva, y para que el cuerpo no sufra, bebe líquido en función del tipo de entrenamiento y duración. Sabiendo esto, a calzarse las zapatillas y a correr!
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