Seguro que te habrás dado cuenta. Un café preparado con agua embotellada y otro con agua de grifo, no tienen el mismo sabor. Y como el café, los alimentos también variarán su sabor dependiendo de cómo sea el agua que utilicemos para cocinarlos.

Y es que el agua de grifo es sometida a múltiples tratamientos con cloro. La finalidad es la de eliminar impurezas u otras substancias y conseguir que sean aptas para el consumo. Como consecuencia de ello, y como ya hemos visto en otras ocasiones, el agua puede ser más o menos dura, dependiendo de la cantidad de calcio o magnesio que contengan. Estas sustancias son las que podrían cambiar el sabor de los alimentos. ¿No habéis notado que el agua del norte no es la misma que la del sur? Y si cambia el agua, cambia también el sabor de los alimentos al cocinarlos.

El agua cambia el sabor de los alimentos

El agua es una materia prima imprescindible en la cocina. Y cuanto más pura, más conservarán los alimentos las propiedades y su sabor original. Y es que el agua, está presente en la mayoría de estos alimentos que cocinamos. Constituye una parte importante de los mismos, influyendo ya no sólo en su aspecto o estructura, sino también en su sabor. Pues bien, para purificar el agua y que ésta no altere el gusto, es posible gracias a los sistemas de ósmosis inversa. Éstos aparatos consiguen:

  • Conservar las propiedades y nutrientes de los alimentos.
  • No sólo no altera el sabor de los alimentos sino que los potencia.
  • Facilita la cocción, lo que permite cocinarlos de forma más rápida.
  • La digestión es más ligera, ya que facilita el traslado de los nutrientes que hemos ingerido en la comida.

El agua cambia el sabor de los alimentos

A ello le añadimos un ahorro energético considerable, ya que si se cocinan más rápidamente los ingredientes, consumimos menos electricidad. Por otro lado, nuestros electrodomésticos, agradecerán un agua libre de impurezas como la cal, una de las grandes enemigas de nuestro hogar.